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lunes 7 de enero de 2008, 22:43:13
RAROS, RAROS, RAROS
Tipo de Entrada: ARTICULO | 2340 visitas



Algunos amigos y familiares dicen medio en broma que los ciclistas somos una raza aparte. Y tienen algo de razón. ¿Qué tendrá la bicicleta que engancha tanto? ¿Es lógico pegarnos esos tutes y encima disfrutar? ¿Cómo podemos ser capaces de gastarnos esa pasta en bicis, complementos y material? Si es que vemos una bici y nos comportamos como niños.

 

Cuidamos nuestra alimentación, nos empollamos las revistas, comemos extraños productos más propios de astronautas que de deportistas, dominamos técnica y mecánica, y el poco inglés que sabemos lo hemos aprendido en webs de bicis.

Llegamos a casa después de una carrera o una marcha, exhaustos, reventados, con rasguños y  probablemente con algún que otro golpe. Maldecimos esto de la bici ... y al día siguiente ya estamos deseando volver a dar pedales.

Somos capaces de quedarnos babeando ante un escaparate de una tienda de bicis, y giramos la cabeza ante el paso de cualquier ciclo.

Nuestras vacaciones ideales consistirían en pedalear cada día durante un mes por senderos, caminos, bosques y montañas.

Si pasa una chica guapa en bici el resto de los hombres miran a la chica, nosotros a la bici.

Y encima hacemos cosas como depilarnos las piernas.

Un poco raritos sí que somos.

 

Y qué satisfacción que a tu hijo le gusten las bicis. Hace poco mi hija de cuatro años aprendió a ir en bici sin ruedecitas. Que emoción, ¡¡¡me saltaban las lágrimas!!! No recuerdo el primer día que empezó a andar, pero os seguro que esa imagen no se me borrará nunca de la memoria.

 

Después de tantos años mi familia ya me comprende. Al fin y al cabo, peor sería estar enganchado a otras cosas.

Además, cuando es mi cumpleaños o Navidad ya saben qué regalarme: algo de bici. (“¡Pero si lo tienes todo!” diría mi padre).

Antes lo de llevar las piernas depiladas me daba vergüenza fuera del mundillo. Ahora, como está de moda eso de lo metrosexual ya no me siento un bicho raro en la playa. Y hasta a mi mujer le gusta.

Eso sí, cuando me preguntan cuánto cuesta mi bici no contesto. No lo entenderían.

 

En fin, si el que me lee es ciclista, probablemente estará asintiendo con la cabeza, con una mueca de complicidad en su rostro. Sino, estará pensando: raros, raros, raros.




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